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  LA EVOLUCION DE LOS COMANDOS BÁSICOS

 

 

La evolución de los comandos básicos y su trascendencia en la historia de la cinofilia

 

Por: Dr. Miguel Umaña

 

¿Cuál es el idioma más adecuado para establecer una auténtica comunicación con nuestros mejores amigos?

 

Uno de los aspectos más intrigantes para cualquier aficionado, aun después de un tiempo apreciable de serlo, es el que nos despeja las dudas para comunicarnos con nuestro cachorro y en ello, como en todo lo relacionado con la cinofilia, la evolución ha sido vertiginosa y fascinante, exitosa y frustrante, lógica y absurda. Veamos, por ejemplo, el aspecto del idioma, en el que muchos creen haber encontrado la verdad en la comunicación con ellos:

 

El primero, por ser el más antiguo de los que podemos analizar en Colombia, fue el que aprendimos o importamos del campo y que surtía magníficos resultados de comunicación, al utilizar términos de origen desconocido, pero tradicional,  como en el caso de “cúchito, Kaiser”; “siéntese ahí” o “chite, perro”, que rápidamente pasaron a ser mal vistos, sobretodo cuando empezamos a recibir la influencia del idioma de moda para esa época, el alemán.

 

Fascinados por la forma como dominaban el mundo, trasladamos su terminología canina a nuestras tierras y fue así como las expresiones de comunicación tradicionales fueron reemplazadas por las de “blitz stis”, “Ulrico, fast”, o “muts platz”, tendencia que predominó por largo tiempo hasta notar que nuestros perros cambiaban su instinto por reflejo, lo que indudablemente generó un fracaso de comunicación como el que tuvieron con los judíos de la época.

 

Cambiamos entonces por, lógicamente, el idioma de moda: el inglés. Y es así como ahora utilizamos el “honey, stay”, “blandie heel” o “Archie, come”.

 

Así las cosas, la verdad parece ser que, al decidir  nosotros los humanos que las palabras eran la única forma de comunicarnos con nuestros perros, olvidando que la votación se limitó al 50%, por cuanto ellos ni siquiera pudieron opinar, sólo el cariño, la paciencia, la constancia y la intención de conseguirlo, independiente del lenguaje, sonido o movimiento que utilicemos, es lo que funciona, y que tal vez el idioma que hablamos todo el día en la casa, resulte a la larga mejor para él, en su indudable y coincidente afán por comunicarse.

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